Desde Chile: Una mirada Anárquica al contexto de revuelta y represión

Recibido 26/10/2019

DESDE CHILE: UNA MIRADA ANÁRQUICA AL CONTEXTO DE REVUELTA Y REPRESIÓN

Actualmente en Chile se vive una situación de Estado de Emergencia decretado por el gobierno derechista de Sebastián Piñera producto del estallido de una revuelta que explotó el día viernes 18 de octubre de 2019.

Este texto nace con la necesidad comunicar a compañerxs de diversas latitudes del mundo la situación que actualmente se vive en en este territorio.

Desde una mirada anárquica se comparten acá lo que consideramos algunos puntos principales para dar conocer y aportar a entender el momento actual.

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PRELUDIO: LA JUVENTUD EN LUCHA Y LA CHISPA QUE ENCENDIÓ LA HOGUERA.

Luego de una semana de evasiones masivas al servicio de trenes subterráneos, protagonizadas principalmente por estudiantes secundarios durante el mes de octubre ante el alza del valor en los pasajes del transporte, se propagaron por diversos puntos de la ciudad de Santiago múltiples episodios de desobediencia individual y colectiva que derivaron en destrucción de infraestructura y enfrentamientos con las fuerzas policiales dentro y fuera de las estaciones del tren subterráneo.

El día viernes 18 de octubre, la propagación de estas evasiones masivas y el nivel de radicalidad que adquirieron fue insospechado para muchxs y subestimado por el gobierno el cual, junto a su fieles periodistas e investigadores sociales, aun no logra explicarse por qué estos acontecimientos derivaron en una situación de caos generalizado que se extiende hasta el día de hoy.

PRIMER ACTO: ESTALLIDO DE UNA REVUELTA SIN PRECEDENTES EN EL CHILE POST-DICTADURA.

El día viernes 18 de octubre la situación de revuelta se radicalizó en el momento en que los enfrentamientos con la policía y la destrucción de infraestructura capitalista se tomaron las calles del centro de Santiago. Iniciadas en las afueras del palacio de gobierno, las acciones de violencia callejera no tardaron en propagarse hasta altas horas de la noche por diversos puntos de la ciudad.

Enfrentado a una situación de rebelión generalizada y caos difuso en múltiples sectores urbanos, las fuerzas policiales se vieron incapaces de contener el estallido de rabia que desde ese día ha contagiado a amplios sectores de una sociedad aparentemente dormida y hastiada de diversas formas de opresión y precarización de la vida originadas en la continuidad del sistema económico neoliberal y del Estado policial instalado en Chile durante la reciente dictadura civil y militar (1973-1990), condiciones de existencia y dominación fortalecidas por los gobiernos de centro izquierda y derecha que se han alternado en el poder luego del retorno a la democracia.

A los disturbios iniciados en el centro de la ciudad se sumaron posteriormente miles de personas manifestándose en los barrios golpeando ollas vacías como forma de protesta y también activando focos de disturbio, fuego y destrucción materializados en decenas de buses y edificios públicos y empresariales atacados, saqueados e incendiados, teniendo como un elemento crucial las decenas de estaciones del tren subterráneo a las que hordas de individuxs llenos de rabia vandalizaron y prendieron fuego hasta altas horas de la noche.

Evidentemente sobrepasado, el gobierno no dejó pasar mucho tiempo para decretar Estado de emergencia en la ciudad de Santiago, estado de excepción que incluye la salida de militares a la calle y el control del orden por parte de las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, una revuelta salvaje, inórgánica, masiva e inédita en el escenario post-dictadura ya estaba en curso destruyendo en la práctica la obediencia, la sumisión y el miedo impuesto por décadas de dominio capitalista en Chile.

SEGUNDO ACTO: EXTENSIÓN DE LA INSUMISIÓN DESTRUCTORA Y COMIENZO DEL TOQUE DE QUEDA

El día sábado 19 de septiembre las fuerzas militares se despliegan por diversos puntos de la ciudad ante la persitencia y agudización de los disturbios. En el centro de Santiago y en los barrios periféricos los militares custodian las calles, instalaciones comerciales y estaciones del tren subterráneo. Sin embargo, manifestantes de todo tipo no se replegaron y repudiaron de manera generalizada la presencia militar con el vivo recuerdo de la represión vivida hace unas dácadas atrás durante los años de dictadura.

Ese mismo día aumenta el número de buses, carros y estaciones de tren subterráneo incendiados por lxs manifestantes. En paralelo, los saqueos a supermercados y grandes centros comerciales se vuelven incontrolables y la imagen de cientos de personas recuperando su vida arrebatando mercancías en los centros de consumo ha sido una de las imágenes más trascedentes de las jornadas de revuelta y constituyeron un factor importante para que el gobierno desbordado por la violencia saqueadora implantara el toque de queda esa misma noche en la ciudad de Santiago.

Sin  ningún asco, el Presidente y el jefe militar a cargo de la ciudad comunican ante los medios de comunicación la restricción de “libertades civiles” que ese día comenzó a regir desde las 7 de la tarde hasta las 6 de la mañana del día siguiente. Esa noche, las manifestaciones, disturbios, saqueos, incendios y enfrentamientos con las fuerzas represivas continuaron nuevamente hasta altas horas de la madrugada por toda la ciudad.

Entre los días sábado y domingo la chispa de la rabia se expandió aun más encendiendo manifestaciones multitudinarias y escenarios de violencia salvaje en otras regiones del país dando paso a un siguiente momento de caos generalizado con múltiples actos de rebeldía y disturbios en diversas ciudades dejando bajo asedio, ruinas y cenizas en un par de días a una buena parte de la infraestructura urbana con barricadas, ataques vandálicos e incendiarios a dependencias municipales, edificios de gobierno, centros comerciales y edificios de medios de comunicación oficiales. Para ese momento la revuelta ya había desbordado cualquier demanda específica haciendo que personas de diversos orígenes y lugares se encontraran en la calle a sí mismas y a otrxs  en medio de las protestas y los disturbios abriendo una gran fractura crítica en el sitema neoliberal chileno y su modelo de explotación capitalista/extractivista que afecta a todo el territorio.

Desde el día domingo 20 de octubre, el Estado de Emergencia y la medida del toque de queda fueron decretados por el gobierno contra las ciudades alzadas, sin embargo, los disturbios continuaron desarrollándose hasta entrada la noche sobrepasando las imposiciones y demostrando que la rabia y la violencia desatadas por la gente contra el orden establecido habían roto el miedo y la pasividad reinante por décadas en amplios sectores de la población chilena.

TERCER ACTO: DIGNIDAD Y LUCHA CONTRA LA ESTRATEGIA DE LA REPRESIÓN ESTATAL.

Desde el inicio del estado de emergencia la represión estatal se ha agudizado y también se ha extendido de manera abierta por los diversos territorios alzados.

Como anárquicxs, tenemos claridad de que la posición de víctima no es la nuestra, no obstante, siempre es bueno compartir información sobre las tácticas que el dominio pone en práctica como parte de la confrontación con lxs insurrectxs, lxs rebeldes y la población sublevada en general.

En el actual contexto, el arsenal represivo del Estado chileno se ha materializado en:

– Más de dos mil personas detenidas y más de 15 personas asesinadas además de un número indeterminado de personas reportadas como desaparecidas.

– Disparos con diversos tipos de proyectiles, incluyendo bombas lacrimógenas, balines de goma y armamento de guerra contra manifestantes dejando un número creciente y no exacto de personas heridas y muertas en la vía pública, además de animales y personas que viven en la calle también heridas y asesinadas como blanco de los disparos.

– Golpes y torturas físicas, psicológicas y sexuales contra en la vía pública, vehículos y cuarteles policiales contra personas detenidas.

– Secuestro de personas en vehículos policiales y civiles. Se han visto imágenes de personas siendo encerradas en el portamaletas de vehículos policiales.

– Disparos por la espalda en la calle a personas a quienes se les da la falsa posibilidad de fugarse de las detenciones.

– Autorizaciones falsas de policías y militares para saquear supermercados que terminan con detenciones y asesinatos que luego son comunicados como muertes producto de los disturbios.

– Incendios en grandes locales  comerciales provocados por fuerzas represivas para que las empresas puedan cobrar los seguros asociados. En algunos de estos incendios han aparecidos cadáveres calcinados.

– Lanzamiento de personas desde carros policiales en movimiento para luego dispararles.

– Colgamiento de cuerpos de personas asesinadas en sitios eriazos y de personas vivas en cuarteles policiales.

El uso masificado de redes sociales de internet como Instagram, Twitter y Facebook ha permitido la circulación inmediata de innumerable evidencia audiovisual de las situaciones antes descritas, la cual está siendo divulgada por grupos de difusión “alternativos” y ligados a las luchas, logrando romper la estrategia comunicacional desplegada por el gobierno y apoyada por los medios de prensa oficiales históricamente serviles al poder.

La ofensiva comunicacional del gobierno representa otra parte del accionar represivo intentando colonizar las mentes de las personas a través de los siguientes métodos:

– Censura y control de la información para ocultar, justificar y/o cuestionar hipócritamente los registros asociados a la represión.

– Discursos televisados de autoridades de gobierno que han incluido el reconocimiento de una crisis social que debe ser solucionada por medio de un “nuevo pacto social”.

– Señalamiento explícito de un estado de guerra contra un enemigo interno supuestamente organizado con un plan para sembrar el caos y atentar contra pequeños locales comerciales, escuelas y hospitales. Se ha hecho especial énfasis en la criminalización de la figura del saqueador y del vándalo. También, en un reportaje del canal de televisión estatal, se mencionó que los disturbios estarían  organizados por núcleos anarquistas nihilistas.

-Cobertura periodística conjunta de noticieros durante todo el día instalando el miedo al desabastecimiento y los saqueos, propagando la idea de que los robos se estarían extendiendo hacia los hogares comunes.

– División discursiva de lxs manifestantes entre buenos, legítimos, pacíficxs y festivxs en contraposición a lxs violentxs, en contra de quienes se justificaría todo tipo de represión.

– Presentación de un plan de medidas sociales y económicas intentando mostrar interés por solucionar la crisis existente.

– Presentación de militares como fuerzas de paz y protección.

Afortunadamente, la estrategia represiva y comunicacional del desacreditado gobierno no ha surtido el efecto esperado y la desobediencia se ha mantenido a pesar de que algunos ciudadanxs eternamente sumisxs y obedientes han colaborado con el poder participando voluntariamente de la limpieza de calles y de la vigilancia de barrios utilizando chalecos amarillos y dotando a esta prenda de un sentido complemante distinto al significado de revuelta por el que se hizo conocida tras las recientes protestas salvajes en Francia.

NUESTRA POSICIÓN ANÁRQUICA: APUNTES SOBRE UN EPÍLOGO QUE AUN NO EXISTE.

Entre los días miércoles 23 y jueves 24 de octubre el gobierno y la represión han intentado mostrar un rostro más blando ante la persistencia de las manifestaciones y de una gran cantidad de focos de revuelta, a lo que se suma la divulgación permanente de registros de hechos represivos y el reconocimiento público por parte de una investigación judicial por el uso de una estación del tren subterráneo como centro de detención clandestino con testimonios de tortura.

En estos días, las señales parecen indicar que la revuelta generalizada ha bajado un poco de intensidad derivado a una situación de jornada de protesta permanente con constante presencia de distrubios y enfrentaientos. No somos pocxs quienes pensamos que esto podría dar paso a un contexto de progresiva pacificación con persistencia de algunos focos de revuelta, fortaleciendo la represión de carácter selectivo contra personas ya conocidas por su participación política en movimientos sociales, colectivos y entornos de lucha radical. De hecho, ya han sido detenidxs personas ligadas a movimientos estudiantiles y medioambientales.

A pesar de lo que pueda venir, quienes hemos confrontado al poder y la autoridad desde mucho antes del actual estallido social sabemos que todas las prácticas represivas y comunicacionales anteriormente enumeradas forman parte del arsenal represivo al que nosostrxs y otrxs grupos e individualidades se han enfrentado durante toda la existencia del Estado y de la autoridad a través de la historia. Por tanto, a lo que hoy asistimos es a una reactualización postmoderna de métodos y estrategias ya desplegadas en anteriores regímenes dictatoriales y democráticos en Chile, Latino América y el resto del mundo donde el dominio ha visto afectados sus intereses y no ha dudado en mostrar su verdadero rostro de opresión planificada y sistemática.

Sabemos que la oposición y confrontación al dominio ha sido protagonizada a lo largo de los siglos por innumerables generaciones de rebeldes, refractarixs, revolucionarixs y subversivxs de todo tipo, del mismo modo que tenemos la certeza de que hemos sido nosotrxs lxs anárquicxs junto a las comunidades mapuche en resistencia y la juventud encapuchada la que en las últimas dos décadas ha conocido la tortura, la prisión y la muerte como parte de la política represiva estatal ante la resistencia y el ataque continuo que hemos desarrollado contra el orden social capitalista y autoritario.

Hoy muchas más personas están siendo testigos de lo que por años llevamos propagando: que a los poderosos no les importa engañar, torturar y asesinar con tal de proteger el mundo que han construido para su beneficio y que la única salida posible a la dominación contra nuestras vidas comienza con la rebelión destructora contra todo lo impuesto por quienes intentan hacer de nuestra existencia un régimen permanente de esclavitud y robo de nuestra libertad.

Estamos plenamente concientes que todos los matices de la represión estatal, incluso los que pretenden aparentar un rostro “amable” forman parte del manual contrainsurgente inaugurado en Argelia, fortalecido en las dictaduras latinoamericanas y continuado por las tropas de ocupación en Irak, Haití y otros lugares del mundo. Sabemos de manera muy clara que la represión masiva y selectiva, las torturas, el exterminio, los montajes y las tácticas comunicacionales de guerra psicológica no son una novedad y hoy las vivimos y enfrentamos en un escenario que nunca se concibió como imposible: desenvolver nuestra cotidianidad y nuestra lucha en un estado de excepción con militares en la calle.

Sabemos también que la existencia, proliferación y persistencia de las ideas y prácticas anárquicas de confrontación a lo largo de las últimas décadas en terriotrio chileno constituye un elemento real, vital y dinámico que ha aportado de algún modo a la identificación y al ataque de símbolos y objetivos ligados al poder en medio de los disturbios actuales, así como también ha contribuído a la difusión de una subjetividad de combate radical contra el mundo del capital y la autoridad. Sin embargo, somos honestxs en dejar claro que el descontento que estalló con una violencia inédita en el Chile democrático corresponde a una revuelta generalizada sin líderes ni dirigentes en la que las indvidualiades anárquicas somos solo un actor más presente en las calles.

Nunca hemos creído en las buenas intenciones de la falsedad democrática, por eso no nos sorprende que las fuerzas represivas estén apuntando sus balas contra niñxs, ancianos y animales. Hoy también estamos aprendiendo a convivir con el toque de queda que restringe la movilidad, el desplazamiento y la posibilidad para abrazar y compartir entre amigxs, compañerxs y círculos afectivos.

Muchas emociones y sensaciones se entrecruzan cada día y minuto a minuto: la rabia, la impotencia, el nerviosismo y una cuota de ansiedad invaden las mentes y corazones de muchas personas en estos momentos mezclándose con el ánimo y el calor que da la lucha y el hecho innegable de estar rompiendo cadenas subjetivas y materiales junto a otrxs que antes no estaban junto a nosotrxs en el mismo lado de la barricada. No obstante, no nos confiamos ni nos ilusionamos, pues sabemos que esto puede ser solo una descarga de rabia masiva contenida para luego volver a una nueva normalidad capturada por oportunistas de cualquier color político como lo han intentado hacer algunxs en estos días de caos. En ese momento, y en cualquier otro, continuaremos activxs como individualidades anárquicas contra toda forma autoridad.

Nos quieren paranoicxs, angustiadxs y aisladxs, pero seguimos activxs en el combate poniendo también en práctica herramientas de autocuidado y de contención psicológica y emocional en lo personal y lo colectivo para continuar vivxs y en pie de lucha.

Mientras se termina de escribir este texto helicópteros militares sobrevuelan nuestras cabezas, las barricadas arden en los barrios y el sonido de las protestas y los enfrentamientos se mantiene vivo y nos llena de fuerza para seguir haciendo historia en la larga experiencia de la confrontación por la liberación total.

Agradecemos todos los gestos de solidaridad internacionalista expresados por compañerxs alrededor del mundo e invitamos a que estas palabras puedan ser esparcidas y traducidas a los más diversos idiomas y lenguajes.

NADA HA ACABADO, TODO CONTINÚA

HOY MÁS QUE NUNCA SEGUIMOS COMBATIENDO CONTRA EL ESTADO, EL CAPITAL Y TODA AUTORIDAD.

Sin Banderas Ni Fronteras

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